
La cantidad de variación que necesita un ejercicio también depende de lo estable que sea ya la habilidad del golfista.
En el entrenamiento de golf se recomienda con frecuencia practicar de la forma más variada posible. Cambiar de palo, cambiar de objetivo, variar las distancias e introducir diferentes posiciones de la bola.
Parece lógico, porque en el campo de golf prácticamente ninguna situación se repite exactamente de la misma manera.
Sin embargo, surge una pregunta importante:
¿Más variación significa automáticamente un mejor aprendizaje?

La investigación no ofrece una respuesta tan sencilla. El aprendizaje también puede producirse en condiciones estables. Un golfista puede mejorar una habilidad practicándola repetidamente en condiciones similares. Es algo que también vemos a diario en nuestras clases en Capdepera Golf.
Un pitch determinado, un golpe de hierro o un cambio técnico pueden volverse progresivamente más fiables mediante la repetición. Por tanto, la variación no es imprescindible para que exista aprendizaje o estabilización.
La pregunta se vuelve más interesante después:
¿Hasta qué punto sigue estando disponible esa habilidad cuando cambia la situación?
Es aquí donde la variación adquiere otra función. No se trata de introducir toda la variación posible, sino la variación adecuada.
Qué muestra el estudio
Un estudio sobre aprendizaje motor analizó diferentes cantidades de variación en una tarea de lanzamiento. Todos los grupos mejoraron. Sin embargo, el grupo con poca variación mostró una mayor reducción del error.
Los autores señalan que también debería tenerse en cuenta cuánto varía ya el rendimiento de un golfista antes de introducir variación adicional en la tarea de entrenamiento. (PubMed)
Esto resulta interesante para el golf porque afecta directamente a nuestro trabajo diario.
Qué significa esto para nuestras clases de golf

Un golfista cuyo contacto con la bola, línea de salida y distancia ya varían considerablemente aporta de por sí mucha variabilidad a la tarea.
Si además cambiamos constantemente el palo, el objetivo, la distancia y la posición de la bola, la tarea no se convierte automáticamente en más eficaz para el aprendizaje. Puede simplemente hacerse más difícil.
En cambio, para un jugador cuya habilidad ya es más fiable, ampliar el número de situaciones puede tener mucho sentido.
Entonces podemos querer saber, por ejemplo:
¿Funciona el golpe también con otro palo?
¿Desde el semirough?
¿Desde otra distancia?
¿Con una trayectoria más baja?
¿O en una situación real de juego en el campo?
La práctica aleatoria tampoco es automáticamente superior

También deberíamos ser prudentes con la afirmación frecuente de que la práctica aleatoria es fundamentalmente mejor que la práctica por bloques.
Las investigaciones sobre el llamado Contextual Interference Effect muestran ventajas de una práctica más aleatoria en determinadas condiciones de laboratorio. Sin embargo, en contextos deportivos reales esas ventajas son considerablemente menores y, en algunos casos, apenas pueden demostrarse. (Nature)
Para nosotros, esto no significa que la práctica variable o aleatoria no sea importante.
Significa más bien:
La forma de entrenar debe adaptarse a la habilidad y al momento actual del proceso de aprendizaje del golfista.
Lo que observamos una y otra vez en nuestras clases de golf

Durante muchos años, especialmente en nuestros cursos para principiantes y de obtención de la Platzreife, hemos hecho una observación interesante: en cuanto una tarea adquiere algo más de importancia, también parece cambiar la manera en la que muchos golfistas aprenden.
Un buen ejemplo es el cuarto día del curso. Ese día nuestros participantes juegan por primera vez nueve hoyos completos y cuentan todos sus golpes. De repente, ya no se trata simplemente de golpear la siguiente bola en el campo de prácticas. Ahora cada golpe cuenta. Cada golpe forma parte de una situación, las decisiones tienen consecuencias y el resultado se hace visible.
Observamos con frecuencia que la concentración, la atención y el esfuerzo personal aumentan de forma notable. Los golfistas intentan percibir mejor la situación, prepararse con más cuidado y utilizar de forma más consciente las habilidades que ya poseen.
Al mismo tiempo, el campo de golf genera automáticamente una gran cantidad de variación: diferentes posiciones de la bola, distancias, palos, ángulos, objetivos, consecuencias y decisiones.

Precisamente esta combinación de importancia real y exigencias que cambian constantemente parece provocar un fuerte proceso de aprendizaje en muchos golfistas. Durante esos primeros nueve hoyos vemos a menudo adaptaciones que anteriormente habían sido difíciles de generar en el campo de prácticas.
Desde hace mucho tiempo utilizamos internamente una frase sencilla para describirlo:
Pressure makes diamonds.
Con ello no queremos decir que aumentar la presión produzca automáticamente un mejor aprendizaje. Demasiada presión puede provocar exactamente lo contrario.
Nuestra experiencia es más bien que una tarea a veces solo recibe la atención necesaria cuando realmente significa algo para el golfista. El campo de golf aporta esa importancia de manera natural.
Quizá, por tanto, la pregunta importante no sea únicamente cuánta variación introducimos, sino también:
¿Cuánta importancia, atención y dificultad necesita una tarea para que el golfista empiece realmente a adaptarse a ella?
¿Qué significa esto para nuestro Practice Lab?

En el Practice Lab no intentamos introducir el mayor número posible de cambios lo antes posible. Primero debemos tener claro qué habilidad queremos desarrollar. Después podemos ampliar gradualmente su aplicación.
A partir de una situación inicial más estable podemos introducir diferentes distancias, palos, objetivos o posiciones de la bola. Más adelante añadimos situaciones de primera bola y exigencias reales del campo de golf. La variación forma parte del universo del golf.
Un ejemplo práctico es el juego corto. Una misma situación puede permitir diferentes palos, trayectorias y zonas de aterrizaje. En nuestro Golf Learning Insight sobre cómo encontrar soluciones en el juego corto mostramos cómo utilizamos esta variación para que el golfista aprenda a observar, comparar y elegir una solución adecuada para la situación.
Nos ayuda a investigar en qué condiciones una habilidad ya está disponible y dónde sigue existiendo una necesidad de aprendizaje.
Por eso, la pregunta decisiva no es:
«¿Qué tan variado es mi entrenamiento?»
Sino:
«¿Qué variación ayuda a este golfista con esta habilidad en el siguiente paso de su aprendizaje?»
Una variación también puede exagerarse o hacerse más difícil de forma deliberada. En otro Golf Learning Insight mostramos, mediante el ejemplo de una tarea de movimiento deliberadamente más difícil en el entrenamiento de golf, cómo este tipo de ejercicio puede utilizarse para desarrollar coordinación y control.
Cómo encaja esto en nuestro Golf Learning System

En nuestro Golf Learning System, la variación es una herramienta dentro del proceso de aprendizaje.
Una habilidad puede desarrollarse y comprobarse inicialmente en condiciones relativamente estables. En el Practice Lab modificamos después las tareas y las situaciones de aplicación en la medida que tenga sentido para el momento actual del aprendizaje.
En el campo de golf comprobamos después si esa habilidad sigue estando disponible en condiciones reales. Diferentes posiciones de la bola, distancias, palos, viento, ángulos y exigencias estratégicas generan continuamente nuevas situaciones.
Las experiencias obtenidas en esas situaciones vuelven después al entrenamiento. Si observamos que una habilidad todavía no está suficientemente disponible bajo una determinada exigencia, podemos convertirlo en una nueva tarea del Practice Lab.
La variación forma así parte de un proceso continuo de entrenar, aplicar, observar y adaptar. No consiste simplemente en intentar que el entrenamiento sea lo más variado o difícil posible.
Ejemplo práctico: adaptar la variación al nivel del jugador
Un ejemplo sencillo de nuestras clases de golf consiste en modificar la posición de la bola.
Para un golfista con hándicap más alto podemos colocar cinco bolas en posiciones ligeramente diferentes. Las diferencias se mantienen pequeñas para que la tarea varíe, pero el movimiento básico siga siendo razonablemente fácil de controlar.
Para un golfista más avanzado podemos aumentar considerablemente las diferencias y modificar además el orden.
En lugar de jugar simplemente las bolas una tras otra desde la posición 1 hasta la 5, el orden podría ser, por ejemplo:
Bola 3 → Bola 1 → Bola 5 → Bola 2 → Bola 4
De esta manera no modificamos únicamente la posición de la bola. El jugador tampoco puede depender tanto de una secuencia previsible y tiene que reorganizarse antes de cada golpe.
Para jugadores avanzados podemos añadir un segundo ejercicio: golpear varias bolas consecutivamente sin detener por completo el flujo del movimiento y sin volver a empezar desde cero antes de cada bola.
Esta tarea no aumenta únicamente la variación. También modifica otras exigencias:

- Exigencia coordinativa: El jugador debe adaptar continuamente su movimiento a la siguiente posición de la bola.
- Timing: Hay menos tiempo disponible para realizar la adaptación.
- Preparación: Se reduce el reinicio habitual entre dos golpes.
- Control del movimiento: El jugador debe organizar diferentes puntos de contacto dentro de un ritmo de movimiento continuo.
El objetivo de este tipo de ejercicios no es crear una prueba difícil simplemente por el hecho de hacerla más complicada.
Modificamos la tarea para observar cuánto control existe ya y bajo qué exigencias adicionales la habilidad sigue funcionando.
Por tanto, dependiendo del nivel del jugador, una misma idea básica puede utilizarse con cantidades y tipos de variación muy diferentes.

Una buena variación en el entrenamiento no significa cambiar todo lo posible. Significa introducir el cambio adecuado en el momento adecuado.










