
Por qué una buena enseñanza del golf no consiste en dar el mayor número posible de correcciones, sino en reconocer qué necesita realmente el golfista en el momento adecuado.
En una clase de golf resulta tentador responder inmediatamente a un problema con nueva información. El punto de impacto no es constante, el vuelo de la bola no es el deseado o un movimiento solo funciona algunas veces, así que buscamos la siguiente corrección técnica.
Pero no todos los problemas necesitan enseguida una nueva solución. A veces el golfista ya dispone de suficiente información y necesita, sobre todo, tiempo para coordinar mejor y estabilizar lo que ya ha trabajado.
Esta diferencia quedó especialmente clara durante una de nuestras últimas semanas de curso.
A veces, menos información nueva es la mejor decisión

Durante los primeros días, el golfista había trabajado diferentes fundamentos tanto en el juego corto como en el juego largo. Entre ellos estaban el punto de impacto, el contacto con el suelo, el movimiento corporal y una mejor comprensión de distintos tipos de golpe.
El tercer día había, sin duda, otros aspectos técnicos que podríamos haber abordado. Decidimos conscientemente no hacerlo.
No porque esa información no fuera importante, sino porque ya había suficiente contenido nuevo con el que trabajar.
El golfista debía trabajar primero con lo que ya conocía: probar, repetir, percibir diferencias y aprender progresivamente a reconocer por sí mismo por qué un intento había funcionado mejor o peor.
Para nosotros, un buen entrenamiento no significa dar la menor cantidad posible de información técnica ni tampoco la mayor cantidad posible. Lo importante es qué información necesita el golfista en ese momento para resolver de forma útil la siguiente tarea y, al mismo tiempo, disponer de suficiente tiempo para estabilizar lo aprendido. Cuando una solución ya se ha vuelto algo más estable, el golfista suele poder asimilar y ordenar mejor nueva información.
Cuando repetir por sí solo ya no ayuda

Sin embargo, al día siguiente apareció algo diferente.
Todavía faltaba una pieza importante en el punto de impacto. El golfista ya había mejorado varias partes del movimiento, pero aún no comprendía suficientemente bien la relación entre el contacto con la bola y el contacto con el suelo.
En ese momento, seguir repitiendo por sí solo no habría resuelto el verdadero problema.
Por eso dedicamos tiempo a explicar con más detalle el punto de impacto: cómo interactúan la posición del shaft, la distribución del peso y el contacto con el suelo, y por qué en este tipo de golpe queríamos desarrollar un contacto en el que el palo golpeara primero la bola y después el suelo.
Para facilitar la aplicación de la nueva información, simplificamos primero la tarea.
En lugar de incorporar inmediatamente la nueva información a un swing completo, empezamos con golpes de unos 30 metros con el sand wedge. El movimiento más pequeño hacía más fácil percibir la relación y probar la nueva solución.
Solo cuando esta tarea funcionaba con suficiente fiabilidad podía llegar el siguiente paso.

Ese siguiente paso no tiene por qué ser automáticamente otra información técnica. En cuanto la calidad del impacto se volvió más fiable en la tarea simplificada, pudimos cambiar la exigencia y aplicar lo trabajado en una situación de juego más realista.
En el campo de golf aparece además otro nivel: el entorno empieza a influir en nuestra atención. Un búnker puede parecer de repente más importante que la propia tarea. Sin embargo, no cambia automáticamente lo que hace falta para ejecutar un buen golpe.
Si la bola está bien golpeada, el búnker no es un problema. Así que no lo conviertas en uno.
Lo importante sigue siendo dirigir la atención hacia la información realmente relevante para el golpe: el lie de la bola, el punto de impacto, la tarea y el objetivo.
De este modo, el golfista no aprende únicamente a ejecutar un golpe. Aprende progresivamente a reconocer qué información es importante para la tarea actual y qué elementos no tienen por qué dominar su atención.
La técnica no crea automáticamente precisión

Esta diferencia es importante en nuestro trabajo de enseñanza.
Un cambio técnico puede hacerse visible relativamente rápido. El golfista puede realizar un movimiento diferente, modificar la distribución del peso o llevar el palo a la bola de otra forma.
Pero eso no significa todavía que el movimiento ya pueda coordinarse con precisión.
El punto de impacto, el timing, el movimiento corporal y el movimiento del palo tienen que coordinarse entre sí de forma cada vez más precisa. Este desarrollo de la coordinación necesita oportunidades para repetir, percibir y ajustar.
Si respondemos a cada variación introduciendo inmediatamente otro cambio técnico, es posible que lo ya trabajado no disponga de suficiente tiempo para seguir desarrollándose.
Esta diferencia entre un cambio visible y una habilidad que se vuelve progresivamente más disponible también la explicamos en el Golf Learning Insight ¿Cuándo está realmente aprendido un cambio técnico en golf?
[booking-button]
El ejercicio por sí solo no es el método

Con más experiencia en la enseñanza, otra pregunta se vuelve cada vez más importante:
¿Qué le falta realmente a este golfista ahora mismo?
¿Necesita una nueva información técnica? ¿Debe comprender mejor una información que ya conoce? ¿Necesita más intentos con la misma tarea? ¿Deberíamos simplificarla? ¿O lo trabajado ya es suficientemente fiable como para añadir una nueva exigencia?
Estas decisiones no siempre pueden determinarse de antemano dentro de un plan de entrenamiento fijo. Surgen de observar lo que el golfista está mostrando en ese momento.
El plan de entrenamiento nos proporciona una estructura, pero la respuesta del golfista también ayuda a decidir cuál es el siguiente paso más adecuado.
Por eso no cambiamos las tareas simplemente porque la variación sea, en principio, mejor que la repetición. Repetición y variación cumplen funciones diferentes. Lo importante es saber cuándo cada una de ellas ayuda al golfista en su estado actual de aprendizaje.
A veces un golfista necesita varios intentos parecidos para organizar mejor una solución. En otro momento, una distancia diferente, otro palo o un lie distinto pueden mostrar si esa solución sigue estando disponible ante nuevas exigencias.
La forma en que estructuramos, comprobamos y adaptamos estos procesos de entrenamiento a cada golfista es una parte central de nuestro Practice Lab.
Aprender de forma autónoma no significa estar solo

La creciente autonomía del golfista también desempeña un papel importante en este proceso.
Para nosotros, aprender de forma autónoma no significa dejar al golfista experimentar sin orientación. Al principio, el coach ayuda a formular mejores preguntas, distinguir la información relevante e interpretar el feedback. Con más experiencia, el golfista debería ir asumiendo progresivamente una parte cada vez mayor de este proceso.
Por eso, durante el entrenamiento no preguntamos únicamente si un golpe fue bueno o malo. Queremos saber qué percibió el golfista, qué causa cree que pudo producir el resultado y qué cambiaría en el siguiente intento.
Su respuesta también ayuda al coach. Muestra qué aspectos ya se han comprendido y dónde quizá todavía falta información.
Especialmente en nuestros cursos de golf para jugadores avanzados y con hándicap, podemos observar este proceso durante varios días consecutivos de enseñanza y adaptarlo continuamente. De esta forma, no es necesario resolver cada cuestión dentro de una sola clase.
Encontrar el siguiente paso adecuado
Una buena enseñanza del golf no consiste, por tanto, en disponer de la mayor colección posible de ejercicios y correcciones técnicas.
También importa cuándo se utilizan.
El coach observa lo que el golfista ya comprende y es capaz de ejecutar. De esa observación nace la siguiente decisión de aprendizaje, no de una secuencia rígida e idéntica para todos los golfistas. A veces significa explicar. A veces repetir. A veces simplificar. A veces aumentar la dificultad. Y, en ocasiones, significa decidir conscientemente esperar un poco más.
Por eso, un ejercicio no es automáticamente bueno o malo. Su valor también depende de si resuelve el problema adecuado en el momento adecuado.
Ahí se encuentra una parte importante de nuestro Golf Learning System: desarrollar habilidades técnicas y acompañar después el proceso de aprendizaje para que esas habilidades se vuelvan progresivamente más precisas, adaptables y utilizables en el campo de golf.
Recogemos más observaciones concretas procedentes de nuestras clases, de situaciones reales de juego y del desarrollo continuo de nuestro sistema de entrenamiento en nuestros Golf Learning Insights.

Monnard Widmer Coaching Insight
Un buen coaching no significa dar siempre una nueva solución. Significa reconocer si el siguiente paso necesita más información, más repetición o una tarea diferente.










